Una casa para las vacaciones

Hace años nos planteamos la posibilidad de cambiar de casa e ir a una nueva y más grande. Estuvimos durante varios meses cotejando opciones en diversos barrios e incluso visitamos algunos pisos. El coste era considerable y también había que tener en cuenta el hecho de que debíamos vender nuestra casa antigua. Había que pensarlo muy bien antes de tomar una decisión definitiva. Entonces se nos ocurrió otra opción: invertir ese dinero en una casa de vacaciones.

Por un coste muy inferior a la casa nueva, podíamos optar a una de segunda mano y aprovecharla en vacaciones y, tal vez en el futuro, cuando estemos jubilados. Siempre nos ha encantado Canarias, sobre todo la isla de Fuerteventura. Los precios no son muy elevados si lo comparamos con otras zonas de la Península. A medida que madurábamos la idea más nos gustaba y nos lanzamos.

Compramos una casa de segunda mano a unos kilómetros de la costa, cerca de Corralejo, con las dunas a tiro de piedra. Como no está en primera línea de playa, el coste era inferior, pero como contrapartida teníamos más espacio incluyendo un maravilloso jardín con  techo para pergola.

Algunos de nuestros amigos nos trataron de advertir: “os vais a arrepentir, luego os cansaréis de las Canarias y tendréis que vender y retomar el plan inicial”. En algunos momentos, dudamos. Es verdad que era un cambio muy grande pasar de comprar casa nueva en la ciudad a una segunda residencia vacacional.

Por trabajo, nuestra vida laboral está ‘atada’ a Oviedo. Nos gusta Asturias, pero llueve demasiado  y los veranos no son los mejores de España… Lo que más nos entusiasma es el sol y la playa. De lo segundo en Asturias hay mucho y bueno, de lo primero, menos… Cuando pasábamos los veranos en Canarias nuestro humor cambiaba. Así que pensamos: ¿por qué no vivir así todos los veranos?

Cuando nos sentamos ahora a disfrutar de nuestro patio con jardín y techo para pergola, estamos seguros de que hemos acertado con nuestra decisión. Tantos días de sol y buen tiempo nos recargan las pilas para volver en septiembre con una sonrisa. Y a esperar al siguiente verano.